No se ha cometido el error de ignorar, en efecto, ningún político nacional ha omitido referirse en los términos más convincentes a la extrema y urgente necesidad de hacerse cargo de la creciente masa de adultos mayores, con diversos y creativos denominadores para otras tantas campañas. Pero el hecho objetivo es que no se ha avanzado lo suficiente y a una docena de años de la descripción del problema, muchas de las soluciones eventuales se encuentran en la etapa de diagnóstico o propuesta.

Los datos son indesmentibles, las licencias por trastornos mentales lideran entre los mayores de 50 años, igualmente, hay un aumento de clientes de este grupo etario en las Isapres, así, los que superan los 50 años tienen un mayor costo promedio por licencia médica frente al resto de la cartera, ya que por lo general concentran un tercio del costo total de estos permisos, representando cerca de un cuarto del total de afiliados.

Es muy interesante consignar que las principales licencias médicas en los mayores de 50 años se concentraron en los trastornos mentales, causa que aumentó en promedio más de 20% desde 2010, de acuerdo a los datos entregados por las mayores Isapres del país, seguidas en importancia por las enfermedades respiratorias y osteomusculares. En términos más acotados, los cuadros patológicos más frecuentes en este grupo etario son la depresión, la bronquitis y el lumbago.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) reconoce a la depresión mayor como una pandemia y se calcula que al año 2020 esta va a ser una de las principales causas de mayor discapacidad en el mundo, sobre todo en el grupo de población mayor de 60 y 70 años y proporcionalmente la mayor de 80 años, o la llamada “cuarta edad”, un colectivo progresivamente más numeroso.

Hay que partir por asumir que la depresión es una enfermedad mental, un trastorno del estado de ánimo en el cual los sentimientos de tristeza, pérdida, ira o frustración interfieren con la vida diaria durante semanas o por más tiempo. Siendo en los adultos mayores un problema generalizado, no es una parte normal del envejecimiento y, con frecuencia, no se reconoce ni recibe tratamiento. Sus causas son comunes, mudanza del hogar a centros, abandono y soledad, padecimiento crónico, hijos que dejan el hogar, cónyuge y amigos cercanos que mueren, pérdida de la independencia. Lo que podría explicar por qué los mayores de 80 años registran la tasa más alta de suicidios en el país, con 17,7 suicidios por cada 100 mil habitantes.

Los adultos mayores son los que tendrán aún mayores problemas de salud asociados, según los expertos en esta materia, de tal modo que para abordarlos es necesario llevar a cabo una serie de medidas públicas y privadas, como aumentar la cobertura de seguros de salud asociados, ofrecer más variedad de planes por riesgo, la existencia de paquetes cerrados de atención en salud y tener un mayor control de la demanda, más la debida atención a demandas especiales para asegurar una adecuada calidad de vida y su situación jurídica ante la posibilidad de discriminación por edad y el maltrato, en especial en los hogares e instituciones de larga estadía.

Las mismas ciudades tienen por delante demandas específicas de infraestructura y transporte público. Más que nombres de campaña, faltan políticas ciertas de observación y cuidado, cada vez habrá más chilenos que las requieran.

https://www.diarioconcepcion.cl/editorial/2019/06/22/la-salud-de-los-adultos-mayores-un-desafio-irresuelto.html


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